"En el amor no valen las palabras, sino los hechos; recuérdalo."
A ti lo que te mata es saber que él la puede tocar cuando quiera, que puede llamarla en cualquier momento y decirle "Quiero verte", llevársela a dar un paseo, y besarla en cualquier lugar. Te mata saber que él puede estar en este mismo instante pronunciando su nombre con un sentimiento de posesión que tú no puedes tener, porque no es tuya. Te mata saber que es su cama la que calienta por las noches. Te torturas imaginando sus manos sobre el cuerpo de ella, adorándola, porque puede hacerlo cuando le dé la gana. Y despertarse a su lado y mirarla a la cara, verla dormir tranquilamente y luego abrir los ojos despacio cuando le susurra que la quiere y ella contesta "Yo también, amor".
Te mata saber que tú no puedes hacer nada de eso.
Él no tiene que ir con miedo, con prudencia, pidiendo permiso a nadie, esperando que la respuesta sea un sí, no un no. No se pasa los días esperando el fatídico momento en que ella diga "Se acabó".
A ti lo que te mata es saber que fue tu elección, que tuviste la oportunidad de ser él, y elegiste no serlo. Que, cuando ella te eligió a ti, tu huíste como un cobarde. Te mata saber que fuiste tú el que la arrojó a sus brazos y por eso ahora te estás muriendo. Era un suicidio, ¿cómo no supiste verlo?
Y cuando llega el momento, lo ves ahí sentado, tal y como lo recordabas, como si no hubiera pasado el tiempo, como si fuera el mismo día, la misma noche de hace unos...cuatro años? que, ya has perdido la cuenta, solo sabes que le quieres igual o más que aquel día.

Se aman tanto que se odian, sus corazones laten demasiado rápido cuando sus miradas se cruzan que instintivamente la apartan sin más dilación.
Verse les duele tanto que no pueden articular palabra; ella se muere de escalofrios que recorren su columna vertebral, mientras que él intacto, frío y presente gira su cabeza hacia otro lado, como si nunca la hubiera visto, como si fuera una simple desconocida.
Los dos se aman a más no poder, pero los recuerdos les pesan tanto que junto al dolor y el resentimiento, se desprecian.

Puede que no sea el momento perfecto para decirte esto, puede que no sea exactamente lo que quieres escuchar, que no te lo esperes o simplemente que no te apetezca oírlo. Puede que sea demasiado pronto, o quizá demasiado tarde. Puede que quieras taparte los oídos o irte corriendo o incluso que quieras pegarme. Puede que me llames loca, o que cambies de tema tan rápido que pase el momento y mis palabras se vayan también. Puede que me esté enredando demasiado. Puede que lo único que quiera decirte es que
te quiero.